ESPERANZA

La esperanza, una palabra que invita al relax de oler una taza caliente de chocolate, a la tranquilidad de que aún todo puede ser posible y de sonreírse por dentro sin apenas percatarse.

Esta palabra nos evoca un sentimiento en el que se  activa una lucecita que produce un festín de  colores. En nuestro interior se canta, se baila, se ríe, se llora, se tiene súper poderes y se sueña con volar, que bonito ¿no?. Es un aire fresco, es un eco resonante que nos impulsa hacia una explosión excitante, hacia una sobredosis de serotonina que nos vuelve invencibles por un segundo finito, el segundo más maravilloso de nuestras vidas.  Puede ser una buena aliada, una aliada que presenta ante nuestros ojos algo idóneo que nos mantiene enérgicos, subiéndonos al universo para contemplar la chispa de la vida.

Nos puede hacer volar tanto, que nos puede llevar incluso a descubrir otros planetas y mantenernos en la dicha sin tocar el suelo. Es agarrarnos  y empoderarnos hacia  una idea, una circunstancia, un lugar o una persona y sentirnos dichosos, sentir una llamita a lo lejos, casi imperceptible pero avistada como aquellos marineros que divisan la  tierra. Hay una frase citada por Martin Luther King, quizás acertada para referirnos a nuestra amiga esperanza que dijo así: “Si supiera que el mundo se acabaría mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. Al final la esperanza es necesaria para sobrevivir y vivir, porque es como el sol, sino existiera nos complicaría la existencia y sería un estar grisáceo e inhóspito.

Aunque todas nuestras palabras, así como, la esencia de nuestro ser, poseen doble cara. La rotura del pacto con la esperanza, puede llegar a ser amargo, dañino y pinchar como aquel erizo amigable, que al tocarlo, nos produce un salto de rechazo. Por esta razón, no deberíamos practicar la codependencia con ella, simplemente observarla, quererla bien y acompañarla de manera elegida y libre, sin hacernos camino hacia la esclavitud, para terminar fabricando nuestra casa al lado de la suya y quedarnos abrazados a ella, fijos, sabiendo el paso del tiempo por una pequeña ventana. Ser consciente de esto es clave, para no caer en la penumbra que nos puede llegar a ofrecer. Ser siervos de la esperanza es pactar una condena impuesta por nosotros mismos, y acaso, ¿no es eso una de los peores acontecimientos que le puede pasar a un ser humano?. Vivamos en la esperanza, en su lado luminoso, pero rozando la gravilla del suelo con el instrumento adecuado que nos mantenga en equilibrio entre la ES de esperanza y la RE de realidad.

Para mí la esperanza, es sentirte bien, creer en algo,  tener causas por las que vivimos y defenderlas, es amarse y amar nuestras circunstancias con o sin nuestra amiga la esperanza, que no es verde, ni purpura, ni amarilla, sino que es de ese color abstracto que remueve nuestras entrañas.

Y para ti, ¿Qué es la esperanza?

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